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TEATRO DE CHEJOV                       (SC454)1

TEATRO DE CHEJOV (SC454)

AUTOR: ANTON CHEJOV
COLECCIÓN: Sepan Cuantos
EDICION: 8° edición
EDITORIAL: LIBRERIA PORRUA Y HERMANOS Y CIA  SA DE CV
ENCUADERNACIÓN: Rústica
IDIOMA: Español
ISBN: 9789700772516
PAGINAS: 145
PESO: 250 gramos
TAMAÑO: 14x22 cm
$ 5.950
Una vez Chéjov me invitó al pueblo de Kuchuk-Koi, donde tenía pequeño pedazo de tierra y una casita blanca de dos pisos. Allí, mostrándome sus ´´posesiones´´, me decía animadamente: Si tuviera mucho dinero instalaría aquí un sanatorio para maestros rurales. ¿Sabe? Construiría un edificio muy claro, con mucha luz, con ventanas grandes y techos altos. Tendría una maravillosa biblioteca, varios instrumentos musicales, colmenas, un huerto, árboles frutales; se podrían dar clases de agronomía, de meteorología, el maestro debe saberlo todo, ¡por Dios, todo! Calló de repente, tosió, me miró de lado y sonrió con su suave y suscitaba una atención especial, aguda, a sus palabras. ¿Le aburre oír mis fantasías? Me gusta hablar de eso. ¡Si usted supiera cuánto necesita el campo ruso unos maestros buenos, inteligentes, instruidos! ¡Aquí, en Rusia, se les tendrían que dar unas ciertas condiciones especiales, y esto hay que hacerlo cuanto antes mejor, si se desmoronará como una casa levantada con ladrillos mal cocidos! El maestro debe ser un artista, debe estar ardientemente enamorado de su labor, y en nuestro país el maestro es una paria, un hombre mal instruido que va al campo a enseñar a los niños con la misma ilusión con que iría al destierro. Pasa hambre, se le maltrata, está asustado que fuera el primer hombre de la aldea, que supiera responder a todas las preguntas del mujik, que los mujiks reconocieran en él una fuerza digna de atención y de respeto, que nadie se atreviera a gritarle.....A humillarlo como lo hacen todos: el policía, el tendero rico, el pope, funcionario al que llaman inspector de escuelas, pero que sólo se preocupa de si se cumplen escrupulosamente la circulares de su distrito y no de mejorar la educación. Es absurdo pagarle una miseria a ¡Educar al Pueblo! No se puede permitir que ese hombre ande en harapos, que tiemble de frío en las escuelas húmedas y desvencijadas, que se ahogue, se constipe, que a sus treinta años se haya ganado una laringitis, un reumatismo, una tuberculosis..... ¡Esto nos avergüenza! Nuestro maestro, ocho, nueve meses al año, vive como un ermitaño, no hay nadie que le diga una palabra, se embrutece en la soledad, sin libros, sin distracciones.  Antón Chéjov